lunes, agosto 20, 2007

En Kaos en la Red, Guillermo Rodriguez Rivera sobre Soledad Cruz.

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lunes, agosto 06, 2007

Víctimas y victimarios: antología de un debate in progress

Primero fue el artículo de la periodista Soledad Cruz, "El revolucionario riesgo de la verdad", publicado el pasado 20 de julio en Kaos en la Red. Le han seguido una serie de réplicas y/o comentarios que circulan estos días por correo electrónico, en lo que parece ser el segundo capítulo del debate sobre la represión cultural en Cuba, luego del amplio intercambio de hace unos meses a propósito del Pavonato. Mientras Connie agrega un nuevo personaje protagónico a su ilustración (por favor, Anna, no olvides el abrigo de visón), ahí les dejo la antología de lo que me ha llegado hasta el momento.

1. "No estoy tan seguro, Soledad", de Jorge Dalton.

2. "La Soledad del corredor de fondo", de Pedro Laó.

3. "Mensaje sobre Soledad Cruz" de Amaury Pérez Vidal.

4. "Mensaje sobre Soledad Cruz" de Desiderio Navarro.

5. "Mensaje" de Camilo Hernández.

6. "Carta abierta a Desiderio Navarro", de Félix Sautié Mederos.

7. "Importantes revelaciones de Feliz (sic) Sautié: nueva imagen del Quinquenio Gris y de su fin" de Desiderio Navarro.

Ilustración: Anna Connie Veltford

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sábado, agosto 04, 2007

Camilo Hernández, sobre Soledad Cruz

Querido Alberto:
He leí­do y leo con atención, como siempre, todo lo que me mandas. Y estoy, no anonadado, tampoco perplejo: es un sentimiento que oscila entre el castizo mortificado y el venezolaní­simo ladillado, por las reacciones airadas y sobre todo personalizadas -ad hominem, como dicen en Guantánamo- al artí­culo de Soledad Cruz. Aunque no debí­a estarlo, conociendo el material de que estamos hechos los cubanos, nuestra inveterada maní­a de encontrarle la quinta pata al gato de todo y de desacreditar aquello que se mueve un milí­metro más allá de lo que damos por sentado.
Partamos de la idea -“por lo visto consensuada- de que Soledad fue en un momento dado una charco’e sangre, uña y carne de Aldana y sus aldanerí­as, que en Parí­s se compraba abrigos de algún animal prohibido -Amaury, tan querido, puso la nota Vanity Fair en el debate- y siempre fue complaciente con el poder. ¿Y? ¿Hay algún tipo de cláusula contractual que la obligue a mantenerse incólume en ese pensamiento mientras aliente sobre la tierra, como Sara Garcí­a, que hizo siempre de abuela en el cine mexicano? ¿No nos pasa por la mente, siquiera someramente, que alguien pueda cambiar, descubrir, opinar distinto, o la gente sólo muda porque tiene una agenda secreta? Y -last but not least- ¿existe alguna disposición diplomática que obligue a los funcionarios cubanos a esmorecerse de frío en Parí­s?
Si los americanos son los reyes de la Teorí­a de la Conspiración, los cubanos somos, por lo bajito, Príncipes Herederos. Aquí­ nadie se revisa por razones limpias. Siempre tienen que ser rastreras u oportunistas o -el eterno #1 en el hit parade de las acusaciones- pagadas por la CIA. Si todo fuera así­ no hubieran existido ni Mahoma ni San Francisco de Así­s ni Constantino ni Martí­n Lutero, ni la iglesia de Cristo, crucificadí­simo por los romanos, serí­a hoy Apostólica y Romana. Nueva York serí­a New Amsterdam y nosotros estarí­amos al sol de hoy bajo la corona de España, pues los Agramontes y los Céspedes y todos ellos fueron, en principio, traidores a sus propios padres. Lo que hoy es así­, mañana quizás no, y en eso Soledad no tiene la primicia, ni en Cuba ni en ningún lado. ¿O es que Nikita, mariquita, lo que se da no se quita, y La Camarilla de Pekí­n y Ahora sí­ vamos a construir el socialismo son la quintaesencia de la inmutabilidad del pensamiento? Hello, dialéctica.
Que conste que no estoy diciéndote que Amaury o Desiderio sean la punta de lanza de alguna campaña soterrada para desacreditar a Soledad. Los aprecio demasiado siquiera para pensarlo. Pero no hacen más que confirmarme que uno de los graves problemas de nuestro paí­s es el Torquemada (por no decir otros nombres) que todos llevamos dentro, que aflora en los extremistas del exilio, en el joven cineasta que en Cuba exige airado que un crí­tico le pida disculpas por no gustarle su ópera prima y apela -“en esos términos confianzudos e irrespetuosos que confundimos con la amistad- al mismí­simo ministro Abel Prieto para que interceda; hasta en el amigo que se ofendió con la pelí­cula Antes que anochezca, pues a fin de cuentas, Reinaldo Arenas “era una loca desatada”. Y el ofendido es también -by the way- una loca desatada.
A estas alturas de la vida y la lejaní­a, entiendo que poner en el ventilador las excrecencias curriculares es un deporte que se practica más dentro de Cuba que fuera. Y eso es peligroso para la salud del paí­s en tanto consenso. No estoy, por supuesto, a favor del Punto Final, pero seamos sinceros, gordo: ¿quién de nosotros en Cuba no fue, en algún momento de la vida, un charco’e sangre? ¿Quién no se retrató con algún hoy impresentable? Algunos por oportunismo, muchos porque creí­amos que esa era la Única manera de existir. No toquemos esa teja, que tiene cucarachas y no todos tuvimos o tenemos la decencia de Lichi en Informe contra mí­ mismo, para ponernos la linterna en la cara. Yo fui a muchos actos de repudio cuando el Mariel, no tiré huevos porque siempre fui malo pitcheando, pero me quedé ronco gritando pimpón fuera, abajo la gusanera. Más de una vez me paré en un examen y dije: profe, fulanito se está fijando. Y lo hací­a porque lo creí­a y eso tampoco me salvó de que, en la Universidad, quisieran botarme por diversionismo ideológico.
Años después, cuando tuve la oportunidad -que hoy veo con tanto orgullo- de pertenecer a una generación que quiso cambiar el paí­s para bien, trabajé siempre con la idea de mejorar lo existente, no de tumbarlo. Así­ pensábamos todos: los plásticos, los poetas, la gente de cine y de danza, de la radio, los cuatro gatos que estábamos en la televisión. Lo que resultó de una buena parte de esa generación de los 80 es sabido. Y no fue una casualidad que termináramos desparramados por el mundo y, con nosotros, desparramada una manera de ver las cosas. No fue Aldana, estoy seguro, tampoco Yurina Cavallo (creo que así­ se escribe su nombre) la funcionaria que nos mostró los instrumentos -como el Papa al Galileo de Brecht- tras una ponencia al parecer conflictiva que hice en el Hotel Nacional con -Dios, qué dream team- Magali Agüero, Lily Renterí­a, Wendy Guerra, Luis Alberto Garcí­a, Juan Pedro y Beatriz Valdés, con la ayuda siempre presente de Dalton y Pepe Llanes. Ellos fueron apenas el ejecútese. Todos sabemos de dónde son los cantantes, pero es más sano buscarse un whipping boy, esos pobres niños que estaban en las cortes y que recibí­an las trompadas cuando el prí­ncipe se portaba mal, porque al prí­ncipe no se le podí­an dar trompadas. Métete con el santo, pero no con la limosna, decimos en Venezuela.
En ese sentido, creo que Soledad está siendo la whipping girl y el santo del cuento, como mismo lo son los mencionados en el extenso artí­culo de Domingo Amuchastegui que también me enviaste. Hay nombres de sobra a quienes echarles la culpa de lo que pase y cubrirse las espaldas con su dolor, como sabiamente dijo José Alfredo Jiménez. Y si es posible -como hace con fruición Amuchastegui en una parte de su escrito- recordar que Jesús Dí­az y el Gordo Raúl Rivero y Lichi y Moreno Fraginals fueron charco’e sangre en algún momento, como si eso fuera una tara sifilí­tica. No lo es, pero sí­ me parece vil sacarlo a colación, de seguro pensando que eso les va a restar prestigio.
De Soledad hace años que no sé. De hecho, uno de mis chistes favoritos es preguntar por ella a todos los que están en Cuba. Y escuchar las mentadas de madre. Recuerdo, eso sí­, su vehemencia al defender lo que para ella era correcto. Que no lo fuera para mí­ o para otros, total o parcialmente, no le resta legitimidad. A fin de cuentas, Soledad siempre dio la cara y se puso roja de indignación y aguantó unas cuantas ofensas personalí­simas y en público cuando el resto complotaba a escondidas y te poní­a una manito en el hombro y te decí­a: “vas por buen camino”. Sé que entre los consensos de mi generación estaban odiar a Soledad Cruz con la misma intensidad con que admirábamos a István Szabó. Y pa que veas: resulta que Szabó fue tremendo chivato, como se supo más tarde. Dicen que cada cual cuenta la feria como le fue. Y hasta donde sé, en mi feria, Soledad no metió preso a nadie ni volvió loco a nadie, al contrario de muchos otros que aún andan por la vida y por la Isla, tan panchos. Tuve muchas, muchí­simas conversaciones con ella. Discrepamos demasiadas veces; siempre nos respetamos. Y, básicamente, ella me caí­a bien, qué te puedo decir. Si decir esto me coloca en el bando de los vendidos, francamente no tengo suficiente dentí­frico ni Listerine para que deje de saberme a mierda. Como dice mi amigo Carlitos Ferrera: no me voy a buscar una granja por esos comepingas. Cuba empezará a ser otra y más grande el dí­a que entendamos -y asumamos- que cada cual tiene derecho a pensar como le salga de sus entretelas mondongales. Si Soledad acaba de darse cuenta o acaba de explotar con realidades que al resto nos suenan a Perogrullo: cada cuál tiene su propia velocidad y esto no es un concurso sobre quién entendió primero. Bienvenida sea, no al cambio de bando -“odio el concepto- sino al barrer hacia la casa común que es Cuba y que tanto necesita del entendimiento y sobre todo de un exorcismo de humildad.
Un abrazo,

Camilo Hernández

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miércoles, agosto 01, 2007

Desiderio Navarro sobre Soledad Cruz

Toca el turno de Desiderio Navarro:
¿Y en sus décadas de periodista estrella de Juventud Rebelde, de estrechos vínculos de trabajo con el Secretario Ideológico del Buró Político, y de Embajadora ante la UNESCO, no veía absolutamente nada de todo eso que ahora de repente ve con absoluta claridad y que su periódico, ahora con taras "estalinistas", no le permite publicar? Y si lo veía y no le permitían revelarlo, ¿cuántos textos como éste publicó en canales extraoficiales cubanos o extranjeros en todos esos años, criticando esos fenómenos y su censura? ¿O es que hasta ahora pensaba que se sirve, que sólo se sirve a la Revolución Cubana "ocultando sus taras, defectos y problemas"?
Estos más o menos destacados trabajadores ideológicos de la Línea Dura, que, en típicas transiciones de Período Especial, han pasado de la vicepresidencia del CNC en el Quinquenio Gris y otros sucesivos cargos directivos a la ética teológica -como Sautié-, del dogma al elogio de la herejía -como Luis Sexto-, y del periodismo contentatario al contestatario -como Soledad-, si desean tener cierta credibilidad y contribuir a la eficacia social de sus ideas críticas actuales, deberían proporcionar a la sociedad un utilísimo trabajo testimonial que sólo ellos y sus homólogos pueden realizar: no un mea culpa, ni siquiera una autocrítica, sino un análisis, basado en su rica experiencia biográfica, de las motivaciones y mecanismos ideológicos, psicológicos, políticos, económicos, etc. que siguen llevando hoy a muchas personas a desarrollar y mantener las mismas posiciones y conductas que ellos mantuvieron hasta hace poco.

Desiderio Navarro

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De Amaury, sobre Soledad

Llega a mi correo electrónico, aclaro que por las vías oblicuas que ya se han vuelto costumbre en estos casos, el siguiente comentario de Amaury Pérez Vidal al artículo de Soledad Cruz:
Gracias por reenvíarme estos correos (Soledad y Laó). El de La Doña me ha provocado risas que más tarde se convirtieron en arcadas. Todo lo que dice es cierto, pero... ¿ella?, ¿la extremista temida de JR, la fiscal e inquisidora ideológica, la defensora y amiga irrestricta de Aldana y Tony Pérez, la vocera del Partido y sus más retrógradas disposiciones, la que te invitaba a la polémica y después, como hizo con una célebre disputa con Cuenca, el gran artista plástico cubano, y con un servidor, editarte tus argumentos a su gusto para preparar luego la siniestra respuesta, la que se gastaba más tarde el dinero de Cuba comprándose en París (cuando era la embajadora de Cuba ante la UNESCO) un ostentoso y caro abrigo de piel por el que los ecologistas debieron odiarla y en medio del período especial, la que atacó con todo al cine cubano y detonó "El caso Guantanamera" poniendo en crisis a Fidel versus los cineastas cubanos? Yo no sé si como dice Laó, en las "altas" esferas cayó mal su artículo, pero, en las "bajas", es mi caso, me sentí estimulado porque jamás creí en ella y ahora este articulito me lo corrobora. A Soledad no le importa nada de lo que escribe (hay que saber como ha sido su vida) ¿Ahora pretende ser Juana de Arco o lo hace para garantizarse un espacio en el cielo de los oportunistas y salir del anonimato?
El país también tenía problemas en los ochenta y en los setenta y la señora se calló y no sólo se calló sino que apoyó, con su disfraz de niña terrible, los desmanes de esos años, que los había. Ya la veremos escribiendo para El Nuevo Herald, "vivir para ver".
Ya te digo, lo que Soledad dice es cierto, muy cierto (hay algún que otro disparate y la redacción parece la de una estudiante de primer año de periodismo) pero viniendo de semejante engendro hay que estar alerta. Yo no me dejo confundir ni en tiempos confusos.

Amaury

P.D. En cuanto a la referencia de Laó a mis aretes debo apuntar que Soledad no solo se detuvo en ellos sino que intentó a partir de eso desmontarme políticamente. Al fin y al cabo, si a la luna le faltaban los aretes ¿que más daba que los tuviera yo?
PD: "Laó" es Jesús Laó, y Ferrer acaba de colgar en El Tono de la Voz, el mensaje al que alude Amaury.

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lunes, julio 23, 2007

Cosas veredes

Soledad Cruz saca un pie del armario:

...convertir un viaje en una verdadera mortificación, en un suceso humillante que niega el derecho a pagar un pasaje, ir y volver, me parece un problema evitable cuando en el país circulan divisas, buena parte de los cubanos tienen familiares o amigos en el extranjero que pueden proporcionárselas, algunos incluso las ganan dentro del país, o pueden convertir el peso cubano en divisa de manera legal. Se evitaría una molestia a los ciudadanos si los trámites fueran los comunes en cualquier lugar y quienes negaran las visas fueran los otros países, aunque para ello haya que tener un dispositivo especial para evitar infiltraciones del enemigo, que estaría mucho más justificado que ese aparato burocrático que se presta a sobornos y que incomoda a cualquiera con la sospecha de las razones de viaje y el temor a que la gente se quede.
En caso de que alguien se quede entonces comienza el vía crucis para los que se quedaron, porque los que se quedaron tienen que volver a pagar la casa, o la parte de la casa que su padre o su madre compraron al estado socialista en precios muy bajos, pero fueron los precios establecidos y sufren una multa, un impuesto como si fueran responsables de la decisión del que se quedó. Es kafkiano, como lo es también que si los padres mueren, los hijos tienen que volver a pagar la casa para permanecer en ella y que la casa o el auto no se pueden vender aunque se pudran de falta de mantenimiento porque las personas no tienen recursos para mantenerlos y necesitan vender para poder continuar su vida más reducidos o menos cómodos.
Entonces surge el problema de la propiedad y no hablo de la explotadora privada, sino de la personal, adquirida con el trabajo. Nada es verdaderamente tuyo, tú no puedes decidir por ti mismo si viajas, si cambias de casa, si vendes el auto y todo eso es para evitar que los sectores enriquecidos ilegalmente se apropien de lo mejor del patrimonio o puedan adquirir cosas que en tiempos mejores el estado facilitó por méritos laborales, pero a quien se está lacerando es a esos ciudadanos, que dadas las circunstancias, intentan buscar solución a los problemas económicos que el estado no puede resolver, aunque se esfuerce y tenga la voluntad de hacerlo. Es otra camisa de fuerza y una vez más se acude a la simplificación. Porque el estado, como en cualquier parte del mundo, puede beneficiarse si cobra impuestos por cualquier transacción de esas, incluso se los puede poner al comprador para defender al de menos posibilidades, porque lamentablemente los de mayores posibilidades económicas no son los científicos que hacen vacunas, ni los campeones olímpicos, ni los héroes del trabajo, sino los que a pesar de todas los decretos y regulaciones se han enriquecido ilícitamente o tienen entradas del exterior muy grandes.
(...)
Nunca he leído en el periódico Granma que no se puede llevar en el auto a extranjeros, ni se pueden hospedar a los amigos que nacieron en otros lares en la casa. Pero si llevas a extranjeros en tu carro puedes tener una multa de 1 500 pesos y si se quedan en tu casa por el estilo, salvo que pidas una autorización que no siempre es concedida. Es una forma de evitar el tráfico de drogas, las prostitución, de hacer que la divisa llegue directa a manos del estado que la emplea en garantizar la salud y la educación, una cuota mínima de alimentos subvencionada y miles de ventajas más, nadie lo duda, pero ni todos los ciudadanos son iguales, ni todos hacen negocios turbios y es muy lamentable que quien te brinda hospitalidad en su país no pueda ser reciprocado. Ninguna de esa medida es gratuita, todas intentan controlar situaciones que se han creado a causa de las circunstancias, pero no pueden ser facilistas, igualatorias, sin tener en cuanta que no se puede tratar a las personas decentes como a los delincuentes.

Etcétera, etcétera...

H/T: Rosa Ileana en Lanzar la flecha bien lejos.

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sábado, julio 29, 2006

"No estoy tan seguro, Soledad", por Jorge Dalton


Patria es eso, equidad, respeto a todas las opiniones y consuelo al triste.
La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellaní­a de nadie

José Martí


Demás está decir que concuerdo con algunas cosas que dice Soledad, incluso aplaudo que una persona como ella corra esos riesgos en el nombre de la verdad. Parte de todos esos defectos y problemas, un grupo de jóvenes artistas e intelectuales cubanos, ya los habí­amos expuesto en una serie de foros en los años 80s. La mayoría de esos foros, como sabrán, fueron cerrados por la oficialidad y los que nos arriesgamos en ese entonces fuimos maltratados, acusados de “hipercrí­ticos” y de “ hacerle el juego al enemigo.

Esas “taras”, “defectos” y “problemas”, a las que se unen también las injusticias, las han venido denunciando miles de personas cubanas anónimas y reconocidas a lo largo de estos casi 50 años, dentro y fuera de Cuba. Quiero aclarar que entre estas miles de personas se encuentran también ciudadanos que no precisamente han tenido un pensamiento contrario a la Revolución, pero que de igual manera, han sido humilladas y marginadas por sus opiniones. Algunos han ido a parar a la cárcel, otros han sido expulsados de sus trabajos, convirtiéndose en parias o han sido repudiados y hasta golpeados en plena ví­a pública en uno de los actos más hirientes y penosos que he visto en mi vida. Indudablemente, estos, han corrido la peor suerte.

Otra gran parte tuvo que marcharse de Cuba; la oficialidad no les dejó otra alternativa, que integrarse a la enorme comunidad cubana que vive, sobrevive, trabaja, sueña y se hace visible en Miami, New York, New Jersey, Madrid, Barcelona, México, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela y en otros rincones del orbe.

No todos los cubanos que viven o mueren fuera de Cuba, han sido felices o exitosos, el exilio no es una fiesta donde todos tienen las mismas oportunidades, muchas familias cubanas han tenido que pagar un alto precio. El exilio tiene un lado sumamente amargo y José Martí­ lo vivió en carne propia cuando fue desterrado.

Decir la verdad no necesariamente es un riesgo revolucionario, lo considero más bien, un acto honorable y valiente, un deber. La verdad no tiene color, la verdad es la verdad.

Año tras año, en Cuba se celebran multitudinarios actos de reafirmación revolucionaria. Más de un millón de personas desfilan en la Plaza cuando son convocados a dar vivas a sus lí­deres. Es una verdad que nadie puede evadir. Incluso, soy del convencimiento que la mayorí­a en Cuba, independientemente de todo lo negativo que se diga, sigue estando a favor de Fidel. Negar esa verdad, serí­a una estupidez.

Pero aun así­ no estoy tan seguro como afirma Soledad Cruz, de que en Cuba, la mayorí­a de la población quiere salvar la Revolución a toda costa. Entre esa muchedumbre que alza banderas y viste gorras y pulóveres rojos, existe una gran incertidumbre por el futuro; hay muchos que han acumulado también años de resentimiento y hay niveles de inconformidad ante el silencio de sus gobernantes. Dentro de esa masa entusiasta que vemos en esas poderosas imágenes que le dan la vuelta al mundo, también hay miles que guardan el mismo silencio que se guardó en la antigua URSS o en Rumania. Dudo que todos, absolutamente todos los que marchen, estén conformes.

No sé que pasarí­a en Cuba si toda esa incertidumbre acumulada se llegase a mantener por 10 años más. No sé tampoco si las nuevas generaciones están tan dispuestas a sacrificarlo todo por la Revolución al igual que sus padres y abuelos, viviendo apiñados en una misma casa, acumulando angustias y esperanzas, pero también desarrollando una cultura de la espera. Siempre he dicho que los cubanos son, hoy por hoy, los campeones mundiales de la espera. No dejo de ver esto como algo sumamente injusto.

También dudo mucho, que esa nueva generación, y la que está por venir, quieran seguir hablando de marxismo, de las glorias pasadas de un Sistema Socialista que en definitiva, se derrumbó como un castillo de naipes, producto de de su ineficacia y corrupción. Seguir hablando de algo que ya no existe, de Lenin, un dirigente que si bien alertó sobre Stalin, tampoco hizo mucho por evitar la noche negra del estalinismo y que desgraciadamente en algunos sitios aún persiste. Antes que Lenin enfermara, Stalin ya tení­a prácticamente todo consumado.

Apoyándome en la dialéctica, teniendo en cuenta la desaparición de ese Sistema Socialista hace ya unos cuantos años, la desaparición fí­sica inminente del máximo lí­der y la continuidad de una dirigencia que sobrepasa los 70 años; no estoy tan seguro si esta nueva generación con intereses muy distintos, decida salvar la Revolución a toda costa”. No estoy tan seguro de eso, incluso el propio Fidel ha comenzado a dudar en algunos de sus recientes manifiestos.

No es la primera vez que oigo decir de forma categórica que aún hay tiempo para salvar la Revolución Cubana”, “preservar sus conquistas”, “reformar para que el proyecto se mantenga a largo plazo”. Pero también podrí­a suceder todo lo contrario. Pues eso requiere de un sacrificio mayor al de estos casi 50 años. Y digo mayor, porque muchas de estas conquistas ya se han perdido. A pesar de todas esas conquistas sociales y ese potencial, gran parte de la población cubana vive en lo que pudiéramos denominar una humillación económica. Esto que voy a decir no es nada nuevo, lo he mencionado otras veces.

En el año 2001, el último viaje que hice a Cuba, me percaté de las marcadas diferencias sociales que existen en la isla. Hoy en dí­a todos esos problemas, lejos de ser superados, se han acrecentado.

Una de las cosas que más me sorprendió fue el imperio de una elite, dentro del propio estado, que ha venido acumulando poder económico y polí­tico. Ellos también están entre los que marchan o están en las tribunas, estos también guardan un misterioso y frí­o silencio. Me refiero a las personas que trabajan en las llamadas empresas mixtas”, los únicos autorizados a realizar todo tipo de negociaciones y transacciones comerciales con empresas extranjeras. El sector de la cultura no está exento de esos mecanismos. Estas personas han adquirido experiencia de cómo funciona el capitalismo. Como olvidando que el capitalismo sigue siendo un sistema feroz y también deshumano.

Estas personas han terminado por desconocer las verdaderas necesidades de la sociedad cubana. Muchos viven en una opulencia que poco tiene que envidiarle a las oligarquí­as latinoamericanas, su nivel de vida se diferencia bastante del resto de la población. Algunas de sus casas están amuralladas, se han aislado y enriquecido a niveles insospechables. Entre más se enriquecen éstos, los cubanos de a pie, se empobrecen más. Dentro de estos cubanos empobrecidos también hay gente talentosa, profesionales, médicos, maestros, obreros, artistas, etc.; pero sobreviven con salarios miserables, tratando de subsistir gracias al mercado negro, y en ocasiones, obligados a cometer una serie de ilegalidades.

Esta elite, muchos de los cuales son miembros del Partido, van desde funcionarios con altos cargos gubernamentales, dirigentes intermedios, militares, miembros de la inteligencia, donde también hay ingenieros y economistas, ya no los mueve tanto la ideologí­a, sino el dinero y el ansia de poder. Son los más beneficiados en esa situación de estancamiento social y económico que vive Cuba actualmente. Son los menos interesados en que el embargo llegue a su fin. Por otro lado, son los más concientes que Fidel Castro desaparecerá fí­sicamente de un momento a otro y una vez que esto suceda, por la acumulación de poder y riqueza, sabrán qué hacer ante una nueva e inesperada situación que se presente. Llevan años preparándose para ese momento. Su enriquecimiento ha ocurrido, justa y paradójicamente, los años duros del Perí­odo Especial. Ellos sabrán qué hacer con todo ese poder, ante las propuestas que a sólo 90 millas, ofrecerá el imperio

De ellos depende en gran medida, el manejo de la economí­a en el presente. Me atrevo a decir que también dependerá en el futuro. Son los que conocen cómo funciona este mundo globalizado, donde todo es perfectamente comprable y vendible, el de la bolsa, las tarjetas de crédito, viajes, compra y venta de acciones, cuentas bancarias, tecnologí­a y conectividad, telefoní­a e información, todo eso que el cubano común y corriente desconoce.

Este sector elitista, se compone de personas con formación profesional, talentosas y audaces; sin embargo, no son nada democráticos. Son autoritarios ambiciosos, mezquinos y egoí­stas. La democracia es y será uno de los mayores retos de la nación cubana en el futuro.

Noté un acentuado deterioro en la calidad de vida de los cubanos. Me dolió ver a los más viejos como ermitaños empobrecidos, los que sacrificaron todo, esperando la muerte en las esquinas, sin tener ya nada que decir.

La sordera y ceguera de la dirigencia que negada a realizar cambios de envergadura, no ha hecho más que aumentar la zozobra social, se sienten seguros y han olvidado que aún está fresco el daño causado por la irresponsabilidad histórica de los dirigentes del Socialismo en Europa del Este, responsables de las tragedias que se han venido desatando luego de la caí­da del muro de Berlí­n.

Hay otro aspecto que también ha cambiado la fisonomí­a cubana y es la corrupción, un cáncer que ha hecho metástasis en todos los sectores de la sociedad, nadie parece estar fuera de ella. Salvando las distancias, en Cuba se ha creado una situación similar a la que existí­a en la Unión Soviética antes de la caí­da del Socialismo.

Habrí­a que tomar en cuenta también, que muchos cubanos en este mundo ya no desean “ rectificaciones”. Desean cambios concretos e inmediatos, el término Cambio no lo inventó el imperialismo ni el fascismo. Durante el llamado proceso de rectificación de errores se crearon otros peores y es por eso que un amigo cubano residente en España, me dice: “ Cuba podrá tolerar otros errores pero lo que no podrí­a soportar, es otro proceso de rectificación”.

El surgimiento de izquierdas en el poder en América Latina, no es una garantí­a tampoco de la continuidad del proyecto cubano, hay que recordar que no todas esas izquierdas son iguales. Algunas tienen intereses muy distantes a las del gobierno de Cuba y Venezuela. El arribo de partidos de izquierda en paí­ses latinoamericanos, no está dado precisamente por la ejemplar resistencia de la Revolución Cubana, ni significa que habrá revolución al estilo cubano.

En otro aspecto, es cierto que Estados Unidos hay una ley que acoge a todos los cubanos que lleguen a su territorio y brinda todas las facilidades para establecerse, lo cual no hace con el resto de los emigrantes. Pero también es cierto, que en otros paí­ses, sobre todo en los latinoamericanos, muchos cubanos son tratados como ratas, despojados de sus derechos, son maltratados y humillados hasta no poder. He sido testigo de esto, en paí­ses con los cuales Cuba, tiene excelentes relaciones diplomáticas. Estos cubanos han navegado en verdaderos infiernos sin recibir ningún respaldo de sus embajadas. Nunca he visto ninguna nota de protesta de parte del gobierno cubano al maltrato y vejámenes que simples ciudadanos cubanos, sufren de parte de autoridades latinoamericanas.

No se trata de un asunto de comunismo, socialismo o capitalismo. Es un asunto de humanidad, de dignidad. Muchos cubanos están lacerados producto de un atropello sin precedentes de parte del estado, ese estado que como bien dice Soledad, insiste en resolverlo todo de una manera centralizada truncando la iniciativa personal y la creatividad de cada cual. Existe un cúmulo de humillaciones que los cubanos han tenido que enfrentar por el simple hecho de salir del paí­s, y no solamente salir, sino, también entrar.

Por ejemplo, llegar al aeropuerto de La Habana, es un momento sumamente desagradable y es uno de los sitios donde he visto aplicar de parte de las autoridades, la prepotencia, el maltrato y el abuso de poder a los cubanos que regresan a la isla, porque han salido temporalmente a visitar a sus familiares o a los cubanos que residen en el exterior de forma definitiva. El trato es pésimo tanto a unos como a otros. El trato, por supuesto, es muy diferente a funcionarios gubernamentales y personalidades reconocidas. Es denigrante y vergonzoso ver ese ensañamiento de unos cubanos con otros cubanos, por el simple hecho de ser cubanos. Un ensañamiento similar al que he visto aplicarse a los cubanos en diversos paí­ses latinoamericanos.

Cuba es único paí­s que llama traidores” a los deportistas que deciden quedarse en otros paí­ses o firman contratos millonarios para ingresar en el profesionalismo. Es conocido las historias oscuras que se tejen en el mundo del profesionalismo, pero no conozco ningún boxeador o beisbolista venezolano, nicaragüense, dominicano o panameño que su paí­s lo llame “traidor” por similar decisión. Sin embargo, funcionarios cubanos han desertado llevándose incluso dinero del gobierno cubano. Pasado el tiempo, he sabido que esos funcionarios, han hecho fortuna fuera y han terminado negociando con el gobierno de Cuba. Me pregunto: ¿Porque estos no son traidores”?

Muchos cubanos americanos en Miami se fueron de Cuba en contra del gobierno revolucionario. Actualmente no pocos están a favor del levantamiento del bloqueo y hasta negocian con Cuba. ¿Por qué aquellos sí y estos no?

Prostitutas, jineteras” con un largo expediente inmoral, se casaron con empresarios y diplomáticos extranjeros, esa fue su fórmula para escapar de Cuba. Hoy por hoy, al estar casadas y obtener algo de fortuna fuera del paí­s, el estatus ya no es de “jinetera”, al contrario, tienen sus documentos en regla para regresar a Cuba cuando quieran, incluso gozan del Permiso de Residencia en el Exterior.

Miles de cubanos, a lo largo de estos años, por discrepancias ideológicas y que no precisamente eran terroristas”, se marcharon de Cuba sin la posibilidad del regreso, gran parte de ellos han muerto sin poder retornar a su patria, el estado cubano los catalogó de “ traidores” igualmente. No solo eso, les allanó y usurpó sus casas y bienes, convirtió a sus familiares en una especie de rehenes del estado como acaba de hacer con la familia del bicampeón olí­mpico Guillermo Rigondeaux.

No todos los que se fueron en 1950 y a partir de la década del 60 eran “ burgueses”, “ ricachones” o “ batistianos”. Habí­a también gente humilde que llegó al exilio a trabajar como peones toda su vida en factorí­as, tiendas y almacenes. Eran gente decente antes y después de marcharse de Cuba. No pocos tuvieron que rehacer sus vidas, otros no tuvieron tiempo de hacerlo. Quiero recordar también que dentro de la primera avalancha de cubanos hacia la Florida a principios de la revolución, habí­a también ex miembros del Movimiento 26 de Julio. Incluso, reconocidos dirigentes de las organizaciones más extremistas surgidas en Miami en esos años, eran ex miembros del 26 de Julio. Tanto unos como otros, también guardan un lógico resentimiento.

No conozco que el gobierno mexicano denigre a sus compatriotas, que emigran dí­a tras dí­a por diversos motivos a Estados Unidos, llegando a constituirse en la comunidad latina más importante en la Unión Americana. Tampoco lo hace el gobierno brasileño con los emigrados cariocas que tienen una importante presencia en la Florida. De hecho, muchos emigrados venezolanos en la Florida, tuvieron la libertad de votar a favor de Hugo Chávez, porque conservan ese derecho ciudadano, bajo el gobierno chavista, no se si será asi en las próximas elecciones. Conozco empresarios, artistas, productores de televisión, gente común y corriente de origen venezolano, que desde Estados Unidos, emitió su voto a favor del actual gobernante venezolano.

La comunidad de cubanos en Miami, no deja de ser una de las más influyentes, ha resultado ser en términos generales una comunidad próspera a pesar de las tristezas, frustraciones y del extremismo de importantes sectores. Su población ha aumentado al paso de los años. Hay que recordar que está comunidad está siendo renovada como las generaciones de la isla. El sector mas extremista, el cual mantiene una guerra sin cuartel al gobierno cubano, su dirigencia historica, también sobrepasa los 70 años, está en ví­as de extinción.

Me parece ofensivo y poco inteligente, seguir llamando “ mafiosos”, “ terroristas” y “ atorrantes” a los emigrados cubanos en Miami. Muchos se marcharon por las mismas humillaciones que Soledad enumera en su artí­culo. Las remesas familiares que enví­an los emigrados cubanos de Miami, sostienen parte de la economí­a cubana, es como en otros paí­ses de América Latina, uno de los rubros económicos fundamentales. Los mercados y establecimientos en dólares controlados por el gobierno de la isla, se sostienen en parte, gracias a ese flujo económico.

He conocido miles de personas en Miami, pues viví­ entre ellas y sé que sienten un profundo amor por su patria, que a pesar de que están concientes que nunca regresarán a su paí­s natal, trabajan de sol a sol para mantener a sus familiares en la isla, sin importar si estos estén a favor de Fidel Castro y el socialismo.

No considero justificable tampoco, como dice Soledad, haber denigrado, humillado, maltratado y vejado a personas por ser catalogadas de “ burgueses”. Entre los burgueses cubanos habí­a también gente honorable que incluso gracias a ellos, Batista fue derrocado en 1959. ¿Cuántos burgueses actualmente apoyan la Revolución Cubana y el socialismo, son amigos de Cuba, sin ser molestados? ¿Quién es acaso Gabriel Garcí­a Márquez, independiente de ser uno de los monumentos literarios mundiales, que tiene una de sus tantas mansiones en la isla, obsequiada personalmente por Fidel, una propiedad que anteriormente pertenecí­a a otro “ burgués” pero cubano? ¿Quién es acaso, Danny Glover, actor de Hollywood que gana millones por cada pelí­cula gracias a la maquinaria monopolista hollywodense? ¿Quién fue Alejo Carpentier o el pintor ecuatoriano Guayasamí­n, independientemente de su talento e ideologí­a?

Vuelvo y repito, no estoy tan seguro, que la Revolución pueda salvarse en los próximos 10 años, un proceso donde también se han crearon muchas desigualdades, muchos abismos separa a unos y otros, pero tal vez me equivoque. Me parece que hay muchas cosas por revisar y que no merecen seguir en el silencio, creo también que hay demasiadas injusticias más que “errores.”

Esa nación cubana próspera del futuro, dependerá en gran medida, de la participación de los propios ciudadanos cubanos. Algo que el estado se niega a conceder. Está demostrado que a pesar de los obstáculos, los cubanos fuera de Cuba, han logrado una prosperidad que no se puede negar, negarlo serí­a también una gran estupidez. Una de las mayores riquezas de esa Cuba futura, está concentrada precisamente en el aporte de sus ciudadanos vivan adentro o afuera, independientemente de su religión o afiliación ideológica.

La reconciliación de la nación cubana, será también uno de los mayores retos de ese futuro, se requerirá de enormes sacrificios, parece muy fácil decirlo pero muchos sabemos que no será una tarea fácil. Los cubanos tendrán que recurrir a una serie de fórmulas y sobre todo, dar paso a un verdadero cambio de mentalidad. Tendrán que dejar a un lado rencores y vanidades, desaparecer los discursos de odios y separación que han caracterizado a los dos bandos enfrentados antagónicamente, discurso caduco, guerrerista y frí­o que tanto daño ha hecho a la nación. Propiciar el cambio no puede significar tampoco, esperar 50 años más, a que el gobierno de Estados Unidos, decida sentarse a platicar con el gobierno de la isla. Si los cubanos de todo el planeta llegasen a entenderse, eso serí­a mas que suficiente.

De lo que si estoy totalmente seguro Soledad, es que gran parte de los millones de cubanos que viven en la isla, más otros millones que viven fuera, a pesar de su diversidad de pensamiento, desearí­an con todas las fuerzas del alma, salvar la nación cubana, que es en definitiva, lo que está en riesgo.

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martes, julio 25, 2006

Importantes revelaciones de Feliz Sautié: nueva imagen del Quinquenio Gris y de su fin

Amigos y compañeros:

Les presento esta nueva versión de la historia político-cultural de la Cuba revolucionaria que, para replicar a mi comentario, ofrece Félix Sautié,

una versión en la que "todos" por igual --léase: Pavón y Virgilio y Cintio..., Quesada y Roberto Blanco y Antón..., Sautié y yo y todos ustedes-- tenemos, del mismo grosor,"un tejado de vidrio" y "una viga en el ojo", y somos victimarios de períodos culturales anteriores en la misma medida, obligados ahora --los aún vivos-- al silencio y a la amnesia para evitar que nos "pasen la cuenta" las víctimas de unas maldades que Sautié dice conocer, pero que no revela para impedir un "verdadero desastre social";

una versión en la que, por obra de una doble política ahora "revelada", él, siendo católico declarado ante sus superiores,desde los años 60 --o sea, mucho antes del IV Congreso del PCC que le permitió "manifestarlo libremente"-- fue autorizado a ser alto cuadro dirigente de la UJC y el PCC, de Juventud Rebelde y el CNC, mientras otros numerosos correligionarios católicos y creyentes de otras religiones(y hasta ex-católicosde la JEC como yo hasta los 12 años) eran marginados o depurados, no ya en organizaciones políticas, sino en simples centros de trabajo y de docencia (como ocurrió en mi primer y último intento de estudiar una carrera universitaria, que me llevaría para siempre al autodidactismo total);

una versión en la que él, como Vicepresidente del CNC en el Quinquenio Gris,fue ni más ni menos que el iniciador, el "detonante", de la "rectificación" de los abusos cometidos con los "parametrados" en cumplimiento de las directivas administrativas del propio CNC;

y una versión, por último,en la que fue él quien le propuso a la Dirección del País la creación del Ministerio de Cultura y el nombramiento de Hart como su Ministro, y fue él quien, sin mediar perspectiva alguna de destitución, le pidió a Hart el traslado, por razones familiares, a Isla de Pinos, abandonando, por ende, el cargo de Vicepresidente que entonces, lógicamente, iba a pasar a ser deViceministro, o sea, que el fin del Quinquenio Gris y el período político-cultural siguiente --convertido ahora por él en el resultado de una especie de autogolpe estratégico de la misma línea dura—serían el aporte final y capital de la propia Dirección del Quinquenio Gris al gran legado que debemos agradecerle.

Saludos,

Desiderio

P.D.: Debo aclarar que la aparición de Sautié en mi comentario sobre Soledad y esta repentina oleadade (ex) duros (neo) críticos en la Red, es la primera mencion pública que hago de su nombre a pesar de que desde el comienzo del debate sobre el Quinquenio Gris en enero he recibido más de veinte mensajes electrónicos enviados por Félix Sautié,varios de ellos contres o cuatro textos adjuntos, e incluso me dirigió una primera carta electrónica abierta que, aunque tampoco fue respondida por mí, él, luego de circularla en la Red, decidió publicar en la revista Vitral ("Mensaje de Félix Sautié a Desiderio Navarro. Carta desde La Habana", Vitral, n. 78. Marzo-Abril de 2007). Si mi silencio de siete meses ante ese bombardeo es lo que Sautié llama "asumir una pose de fiscal", nunca antes nadie acosó y provocó tanto y por tanto tiempo a un "fiscal" que no tenía ganas de levantar cargos ni subir al estrado. Por cierto, en esa primera carta abierta Sautié me decía: "he sido además victimario y víctima como muchos más que hemos creído en la posibilidad de tomar el Paraíso por asalto a partir del concepto tan repetido de que la violencia es la partera de la Historia". Ahora, en esta nueva carta abierta, ya los victimarios que tienen tejado de vidrio no han sido él y "muchos más", sino todos, "Soledad, Luis Sexto, tú y yo, así como los demás". O sea, Lezama, Ramiro Guerra, Pablito, los Camejo, Fina, Wichy Nogueras, Barnet, Vicente Revuelta, Antonia, Milián y tantos otros vivos y muertos, habrían sido tan victimarios como Sautié, y Sautié, tan víctima como ellos. Para cualquier intelectual honesto de este país, eso sí es un nada ético, monstruoso insulto a la verdad histórica y a las vidas de gran parte de los mejores representantes de la cultura cubana de los siglos XX y XXI.

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Carta abierta de Félix Sautié Mederos a Desiderio Navarro

Desiderio:
Me veo obligado a responder a tu exabrupto a propósito del artículo publicado por Soledad Cruz con el título "El revolucionario riesgo de la verdad", en el que evalúas mi persona de forma hiriente, insultante e injusta, demostrando además poco conocimiento real de mi trayectoria dentro de la Revolución.
Era de suponer que tu participación en este debate obedeciera al principio del respeto mutuo de las partes que plantean sus criterios y aportes, porque si ante cada opinión se genera un conjunto de insultos e incursiones en la vida personal de la persona opinante, los objetivos del análisis se desviarán entonces hacia las descalificaciones, las ofensas, las amenazas y los pases de cuenta. Así, lo único que se logra es enrarecer toda la discusión, dándose los efectos positivos que pudieran derivarse del análisis y de la búsqueda de soluciones. Pero más lesivo y repudiable resulta el caso, cuando lo que se dice sobre la persona opinante es falso, tergiversado y contaminado por prejuicios. Entonces el papel de quien de tal modo se proyecta es muy triste y lamentable.
Ante todo, Desiderio, tal vez pudieras esclarecer a todos los que han tenido acceso a tu brulote quién es el que se ha abrogado la facultad moral de decidir los autorizados para opinar sobre los asuntos que tienen que ver con el pasado, el presente y el futuro del proceso social cubano? ¿Quién ha elaborado la lista de los autorizados, en la cual, obviamente, te consideras incluido?
No por socorrido resulta menos oportuno en este momento recordarte el tejado de vidrio que a todos nos cobija en este peregrinaje por la vida. Por fortuna, las hemerotecas y las bibliotecas son testigos imparciales que atesoran y guardan lo que todos hemos publicados durante estos años, Soledad, Luis Sexto, tú y yo, así como los demás y tendríamos que ver entonces a como tocamos cada cual.
En tus afirmaciones percibo un antes y un después, así como una manipulada valoración sobre quienes estábamos o no en el bando correcto, lo que a la larga origina una grave fractura de una sociedad la que, gracias a este proceso social, ha trabajado intensamente para labrarse su destino en el planeta. En el contexto de aciertos, desaciertos, aportes, dilemas, errores, logros y anquilosamientos hemos padecido problemas que en las primeras décadas de los años 60 eran distintos a los que afrontamos en la década del 70 y son esencialmente diferentes también a los que hemos venido encarando después del derrumbe del Campo Socialista. Para mí se descalifica a sí mismo quien asuma una pose de fiscal y a partir de ella abandona un comportamiento dictado por el sentido común y la necesidad de la superación, el cambio, las reformas y las rectificaciones encaminadas a la solución positiva del proceso en que todos estamos inmersos. En este sentido considero que todos sin excepción, estamos llamados a mirar en primer lugar para la viga que tenemos en nuestros ojos antes de ponernos a evaluar la pequeña brizna de los otros. Podría desencadenar un verdadero desastre social, autodestructivo, si todos nos dedicáramos al pase de cuentas unos contra otros.
Soledad Cruz y yo no coincidimos en Juventud Rebelde pues fui director de este periódico en el año 1967 y parte de 1968, mientras que ella comenzó allí cuando ya me encontraba en otros frentes de trabajo, tal y como precisaré más adelante con fechas y datos concretos. Para mí Soledad es una profesional cuyo desempeño merece respeto y consideración; lo mismo pienso sobre Luis Sexto y la gran mayoría de los colegas que actualmente ejercemos el periodismo en Cuba. Por lo pronto quiero decirte que nunca me he dedicado a hurgar en la vida personal de los demás, cosa que me parece deleznable, máxime cuando mediante sutilezas y ambigüdedades se aluden vínculos como si mencionarlos equivalga a una descalificación moral automática, inmediata. Demonizar constituye un procedimiento que nos aleja del diálogo franco y fecundo que tanto necesitamos en Cuba, sobre la base del respeto mutuo, normas civilizadas, militancia ética y sentido de lo justo.
Cuando, además, se han forjado auténticos sentimientos de amistad, se crean las condiciones más idóneas y deseables para ese intercambio del que pueden formar parte, sin ofensas ni manipulaciones, discrepancias y puntos de vista diferentes. El recto sentido de la amistad parte del derecho que tenemos todos de manifestarla y de no andar manipulándola ni negándola cada vez que las conveniencias no sean favorables para su sano desenvolvimiento. Nunca he negado ni niego, valga el ejemplo concreto y real, mi amistad con Carlos Aldana, ni ahora ni antes cuando estaba en los trajines del poder y algunos decían seguirlo como parte de un mismo proyecto mientras que ahora cuando ya no tiene poder ninguno lo niegan y se agrupan entre los más acervos críticos. Formo parte de la misma generación, que por cierto nos desarrollamos al ritmo del esfuerzo y el trabajo en muchas tareas concretas de los primeros años de la Revolución. En consecuencia, no lo niego porque estuvimos juntos mucho tiempo en la UJC y en la Columna Juvenil del Centenario y después nuestros caminos se bifurcaron; siempre mantuve la amistad, la distancia y el intercambio fraterno y receptivo del que formaron parte planteamientos claros, de frente, por mi parte de lo que consideraba sus aciertos y sus errores. Esta incidental vale sobre todo porque de las etapas mías a la que aludes en Juventud Rebelde, era Armando Hart el Secretario Ideológico y no Aldana, posteriormente en mi paso por el Consejo Nacional de Cultura era Antonio Pérez Herrero y no Aldana, porque cuando Aldana fue Secretario Ideológico del Partido yo no estaba ni en Juventud Rebelde ni en el Consejo de Cultura, por lo tanto las asociaciones que intentas insinuar en tu escrito no son reales ni posibles ni por estructura ni por tiempo.
Dado que has planteado dentro de tus opiniones sobre mi persona alusiones que no son ciertas ni coinciden con los tiempos y las circunstancias, ni con los hechos, pensando en terceras personas que pueden ser llamadas a engaño, paso a exponer algunas percepciones.

1.-Sin detenerme en lo bajo que resultan tu insinuaciones en relación con mi fe cristiana, católica, te proporciono a continuación algunos elementos de juicio para que calibres tu desinformación y otros lectores se persuadan de tu falta de rigor factual y de seriedad intelectual. En 1956 yo formaba parte de la Dirección Nacional de la Juventud Estudiantil Católica en Cuba (JEC) y fue por esos años que convoqué una huelga estudiantil en los colegios católicos de la Habana y como consecuencia entré en un agudo conflicto con las jerarquías del momento y su actitud. Integrándome posteriormente al 26 de julio para después de forma ininterrumpida con mi trabajo y mis esfuerzos personales, pasar a las ORI, al PURSC y al PCC del cual soy fundador y fue el Partido el que me envió a trabajar en la Juventud Comunista.
Todos los que me conocen saben que nunca negué mis orígenes ni mis ideas cristianas y tengo testimonios y publicaciones al respecto. Todos los que han estado cerca de mi trabajo en este tiempo lo conocen y los que han sido mis jefes directos en la UJC y el Partido en esa época también lo conocen, que serían en definitiva quienes tendrían que saberlo. Después de que el IV Congreso del Partido planteó otro concepto al respecto, puedo manifestarlo libremente sin restricciones estatuarias de ningún tipo. Ahora, como me hice Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos y soy Teólogo Laico académico en activo, miembro correspondiente de la Asociación de Teólogos Laicos (católicos) de España, hablo con toda autoridad de conocimientos y de vida, sobre estos asuntos que forman parte de mi libre opción de conciencia a partir una historia personal que viene desde mi niñez a la fecha y que deberías respetar tal y como respeto tus ideas, antes de andarte con insinuaciones y sutilezas que para nada vienen al caso.
Es lamentable que ignores o soslayes el testimonio que de modo constante vengo dando de mi fe cristiana, católica unida con mi militancia revolucionaria activa, en obras como Sin tiempo para morir, publicada por la editorial Nueva Utopía de Madrid, 1999 (novela testimonio de vida, franca y descarnada con impacto en la prensa española de la época); desconoces o silencias otro título, Evangelio y Revolución junto con Pedro Casaldáliga y Benjamín Forcano, aquí mi parte se denomina "Testimonio de un Cristiano Marxista Cubano" publicada por la Editorial Nueva Utopía en España Madrid año 2000. Está en impresión otro libro de testimonio, empastado con 500 páginas que se titula Mi testimonio muy personal previsto para lanzarlo a finales de año. Esto es entre otras publicaciones tales como Cuba problemas y retos, Palabras de Esperanza y casi 1,000 artículos periodísticos publicados de 1996 a la fecha.

2. - Durante mi tiempo de Juventud Rebelde, 1967, 1968 se inició una etapa de crítica a todo lo mal hecho en la Revolución que dirigí personalmente, de la que recuerdo por ejemplo la crítica por la pérdida de 400 toneladas métricas de mantequilla; también "El Sable Encajonao" sobre mercancías con años sin recoger en los almacenes en el Puerto de La Habana, en donde increpamos a todos los ministerios del país. De esa época además a manera de ejemplo puedo citarte algunos artículos y trabajos míos tales como la elaboración y publicación de El Caimán Barbudo (II época No. 20, mayo de 1968) con los plásticos (Matta, Saura, Posada, Peroga) nada convencional o reaccionario. Pudieras buscar también en Juventud Rebelde mi artículo en esas semanas sobre el Surrealismo y mi concepción pública en relación con el Realismo Socialista, denominado "Bienvenido el Surrealismo a Juventud Rebelde" o mi artículo "Militante o Artista" del 3 de junio de 1967 del cual si quieres te podría enviar una copia que aún conservo en mi poder, para que apreciaras la posición pública firmada con nombre y dos apellidos por un miembro del Buró Nacional de la UJC en la cual me opuse tal y como me volvería a oponer hoy, a la tendencia de algunos cuadros dirigentes de pedirles a los jóvenes la disposición de dejar de ser artistas para ser militantes. Otros más como "Respuesta a quienes nos increpan" de fecha 15 de agosto de 1967 en la que hablo de los burócratas, "En el Bando de los Inconformes" de 26 de agosto de 1967, “Por qué la Chicharra" un suplemento de críticas 5 de marzo de 1968 (Cómo verás de algunos cuyas copias conservo te doy las fechas para que no pases trabajo en buscarlos, pero te reto a buscar muchos más aún en una biblioteca o hemeroteca con todos los periódicos en la mano, para ver si después puedes seguir afirmando lo que superficialmente has planteado en público sin tener pruebas concretas. Mis compañeros de la época aún vivos podrían darte más información al respecto.

3.-Terminé mi etapa de Director de Juventud Rebelde castigado por la publicación del suplemento crítico La Chicharra, en la Granja Juventud Heroica de Ciego de Ávila, durante prácticamente un año, recogiendo bejucos de boniato como parte de la Columnas Juveniles Agropecuarias y no precisamente de Jefe. Después me pasé tres años más en la Columna Juvenil del Centenario durante las zafras 1969, 1970 y 1971.

4.- Fui enviado al Consejo Nacional de Cultura en el año 1972 como Director de La Escuela Nacional de Arte y Director Nacional de Escuelas de Arte y quizás podrías averiguar sobre mi trabajo allí no precisamente dogmático. De esa fecha tengo publicado un artículo con el título ¿Por qué instructores de arte? en El Caimán Barbudo No 57 de junio de 1972 reproducido por cierto de nuevo en la Edición 333 de marzo abril del 2006. Ahí están mis ideas y conceptos del momento que en esta dirección son los mismos de hoy.
En el breve tiempo que estuve como Vicepresidente del Consejo Nacional de Cultura, mi actuación concreta fue precisamente iniciar la rectificación de la famosa Resolución No. 3 para lo cual me reuní uno a uno con los teatristas y principales músicos afectados, con cuyos resultados elaboré un Informe sobre la Situación del Teatro en Cuba que fue un importante detonante para la solución positiva de aquel problema entonces escandaloso. Mi postura en aquellos momentos no fue fácil porque tuve que afrontar muy sólo problemas e incomprensiones, para lograrlo dentro de la Dirección de Cultura de aquel tiempo. Tengo en mi poder copias de ese informe así como de la documentación de ese proceso que puede avalar todo lo que digo al respecto, así que antes de ser tan ligero en las inclusiones y exclusiones en lo que se ha dado en llamar el quinquenio gris, deberías ser más riguroso con los hechos y con la verdad.

5.- Tu ignorancia o el desdén por los hechos que no concuerden con los prejuicios que transparentas pueden explicar que desconozcas que por mi cuenta y riesgo propuse a la Dirección del País después de haber recorrido los principales estados socialistas con que teníamos relaciones culturales y de haber participado como delegado de Cuba en las reuniones de Ministros de Cultura de los países Socialistas la creación del Ministerio de Cultura y de que Armando Hart fuese su titular dado el hecho del planteamiento por mi parte de que el Consejo Nacional de Cultura no cumplía su cometido. Tengo copias de la documentación que avala esto.

6.- Por petición mía expresa a Armando Hart, pues en esos días estaba muy triste aquí en La Habana por motivo de la muerte de un hijo mío muy pequeño que el cáncer lo consumió, salí del CNC para Director de Cultura en la Isla de la Juventud. Hay algunos trabajos periodísticos publicados respecto a mi gestión en la Isla aunque mejor sería que fueras hasta allá para constatarlo como investigador de cultura que eres. Ahora mismo, sin tener que desplazarte mucho, podrías comenzar esta investigación cultural con Angelito Norniella y Amelia, quienes tienen el taller Terracota en La Habana Vieja, ellos podrían darte una evaluación de mi trabajo y de mi actitud con lo nuevo y con los jóvenes, ellos podrían darte también muchos más nombres como por ejemplo el de los poetas Chely Lima, Serret, Paco Mir y otros más. Quizás también podría averiguar quien fue el que organizó en la Isla el Grupo de Teatro de los Pinos Nuevos y el de teatro para niños La Toronjita Dorada. Podrías preguntarle además a Ignacio Leyva el padre de Kcho quien fue el que apoyó a Marta Machado y promovió su taller de sueños en aquellos hermosos momentos. Kcho entonces era un niño de primaria pero su padre si fue testigo de esa época, pues trabajaba en mi época, en la Dirección de Cultura en la Isla de la Juventud. ¿Por qué no le preguntas, antes de hablar sobre mi etapa en cultura?

De todo lo que aquí he dicho tengo pruebas y documentación suficiente para avalarlo. También hay muchas personas vivas y presentes en el país que dado el caso que hiciera falta pudieran testimoniarlo, muchas de las cuales recibirán copias de esta carta pública que hoy te dirijo.

Finalmente, Desiderio, creo sano reiterarte la necesidad de que todos dejemos los ataques y contingencias personales a un lado, para dedicarnos al diálogo fecundo que construye y promueve las soluciones que tanto requiere el país para que nuestros hijos y nietos puedan vivir en un mundo mejor. En esta línea de pensamiento, quiero citar lo que al respecto de esto asuntos, planteo en mi artículo publicado en la República Digital, de España con el título "Algo sobre la ética en el debate Revolucionario" con fecha 31 de julio del 2007:

"Yo pienso que la agresividad en la palabra contra las personas que no comparten nuestros criterios, no es sano ni constructivo. Esto tradicionalmente, ha hecho mucho daño al Socialismo y ha afectado su prestigio entre las masas. El uso de vocablos agresivos no es útil ni siquiera para criticar las peores manifestaciones del comportamiento humano o social. Poca comprensión se logra de alguien, ofendiéndole con desautorizaciones pontificiales y calificativos peyorativos e insultantes" .

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domingo, julio 23, 2006

"La Soledad del corredor de fondo" por Jesús Laó

El artículo “El revolucionario riesgo de la verdad”, de Soledad Cruz, publicado recientemente en la website “kaosenlared” y circulado ampliamente entre nosotros vía email, como todo escrito polémico y sanamente provocador, máxime si ve la luz en tiempos tan difíciles como los que vive Cuba ahora mismo (justamente los que generan ese tipo de periodismo, imposible de ejercer en la prensa oficial cubana), ha traído reacciones tan diversas como contradictorias, pero no ha dejado indiferente a nadie.
Como sólo tengo 25 años, enseguida pregunté a mi padre (también vinculado al mundo de la comunicación social) sobre la autora, y lo que me informó fue poco después corroborado por mí en una visita a la biblioteca: se trata de una periodista cultural que hizo época en los ya lejanos años 80 en el periódico Juventud Rebelde justamente por la agudeza y la audacia que el artículo en cuestión revelan. Si bien se movió sobre todo en las áreas de su especialidad (los medios, el teatro, la cultura en general), los escritos de Soledad devinieron más de una vez encendidas polémicas; cierto que se encuentran también banalidades (como una risible reyerta en torno a la cantante Rebeca Martínez, o si era legítimo o no que Amaury Pérez usara aretes) pero en sus mejores momentos, que no fueron pocos, Cruz trascendió la mera reseña para rozar ingentes problemas sociales de la cultura, y movió las aguas de la opinión pública en una sección destinada al diálogo llamada “Por el ojo de la aguja”.
Justamente esa actitud combativa y crítica (de esto sí no me enteré en la biblioteca) catapulteó a la periodista al para ella ajeno campo de la diplomacia (fue embajadora de Cuba ante la UNESCO), pero al regresar, encontró que la Cuba cómodamente socialista (pese a todos sus problemas) sobre la que ella escribía e invitaba a responder, era otra: Período Especial, base capitalista sobre estructura del otro sistema, dolarización, abismos sociales... Y claro, una “lengua viperina” como ella, si bien siempre identificada con el sistema, no hacía mucha gracia: la enviaron (para no hacer el cuento largo) a su casa a escribir un libro con el sueldo del periódico, y así, tras varios años en este oficio no dudo que riguroso y laborioso, pero ajeno a las “mareas”de la opinión y sus reflujos, Soledad Cruz se nos aparece con el artículo de marras, en un estilo aún más afilado y energético que en sus comentarios de otrora.
Yo soy de los que aplaudo la movilidad en las ideas, desearía incluso que no en un website al que (sabemos) la mayoría no puede acceder, ni a través del correo electrónico del que la mayoría carece, sino en las páginas de nuestros principales periódicos y revistas (perdonen si les sueno al Thomas Moro de Utopía) se publicaran artículos como “El revolucionario riesgo de la verdad”, de Soledad Cruz, pero justamente haciéndole honor a ese sano espíritu polémico que ella mismo ejecutó y sembró en los 80, voy a disentir de algunas de sus reflexiones.
La autora sin dudas pertenece a la clase media, y desde ese estrato reclama, exige, sugiere. Ello en sí mismo, nada tiene de objetable, como quiera que la gran mayoría de la intelectualidad cubana (al margen de sus militancias y credos políticos) integra ese grupo social, pero vamos, una mirada realmente abarcadora, objetiva de una periodista que como todos (también al margen de militancias y credos políticos) anhela los cambios que mejoren la vida del cubano (todo) debiera pensar y escribir un poco más amplio, y sobre todo, un poquito más “abajo”.
Soledad habla de quienes no pueden traspasar su carro, venderlo en buena lid a los que tengan la posibilidad de mantenerlo mejor, pero olvida a los millones que no pueden hacer tampoco nada con el auto porque simplemente no lo tienen, y por ello deben esperar horas ante una parada donde no pasan guaguas o las contadas que lo hacen están repletas y no paran, y deben entonces, o caminar cualquier cantidad de cuadras, o gastarse sus contados pesos en los almendrones que, cierto, son caros y desconsiderados, pero son, y al menos permiten llegar al trabajo o al cine a tiempo, o regresar a casa tras varias horas de infructuosa espera en las henchidas paradas.
Habla también la autora de quienes no pueden hospedar en sus casas a amigos extranjeros si no es con un difícilmente alcanzado permiso, ignorando a quienes aún cuando lograran la dichosa licencia no pueden hospedar a nadie pues no se “hospedan” siquiera a sí mismos: no tienen casa, viven agregados, hacinados o ilegales (como la lamentable realidad que denuncia el reciente documental Buscándote Havana).
Se refiere Cruz al no menos triste hecho de aquellos que teniendo CUC no pueden reservar en un hotel, pero yo hubiera aludido, mejor, a los miles de miles que no a un hotel, de ninguna estrella ( en “ una pieza, una mínima pieza y no una pieza colosal”, que escribiera Guillén en su inolvidable poema “Tengo”) sino a un humilde restaurant donde ir con la novia, los amigos o la familia, porque los pocos que existen en MN protagonizan eso que llaman “chiste cruel”: si un plato fuerte vale de 30 a 60 pesos cubanos, cuál es la diferencia real entre esos y los otros, los inaccesibles de la “otra” moneda, tan nuestra y tan ajena, tan cercana y a la vez lejana.
O ver a una policía inflexible, que, claro, cuida de la delincuencia y todo eso, pero detiene y exige constantemente el carné a jóvenes bien vestidos, normales, que a la legua cualquiera puede identificar como personas decentes, entorpeciendo su tránsito normal por la capital. El otro día, por ejemplo, quedé con un amigo y su novia para, junto a la mía, vernos en casa e ir al cine, pues bien: esos dos jóvenes, estudiantes ejemplares, correctos, de apariencia personal nada “sospechosa”, llegaron una hora después pues un obstinado miembro de la PNR los detuvo durante todo ese tiempo y de nada bastó mostrarles, además del carné de identidad a tiempo y en forma, sino el otro, de la Universidad, conversar con él de la mejor forma (ajeno, claro, a todo tipo de diálogo), etc: se les dio el tratamiento de cualquier ladrón o asesino, confrontando sus datos en la planta, aislándolos del resto (sólo faltaron las esposas) . El muchacho, a propósito, es negro, pero esa no es la noticia: según me contó, el policía también. Y otra noticia mejor es que este policía terco e irrespetuoso, abusador del poder que irresponsablemente han puesto en sus manos, dista mucho de ser la excepción.
Si por una casualidad, el joven paseante es del interior, los trámites para poder pasear libremente por las libres calles de un país libre, estar una temporada en casa de un familiar o amigo habaneros, o simplemente, conocer la capital, son más engorrosos y kafkianos que los que se requieren para salir del país (y mira que esos lo son). No digo que algunos vengan también con otras intenciones, pero vamos, ¿por qué meterlos a todos en el mismo saco? ¿Y los buenos jóvenes de provincias que estudian y trabajan, por qué deben recibir el trato de los que vienen a delinquir o a ejercer la prostitución?
Esas molestias cotidianas de que habla la articulista, y otras muchas que ignora, cuyos autores no son precisamente los imperialistas con su consabido bloqueo, resultan mayores, dobles, incalculables, para la gente de a pie, sin casa, sin dinero que, no hay que decirlo, no son precisamente la minoría.
A pesar de estos detalles, saludo a Soledad con sus serias y agudas reflexiones: no está sola en su carrera, en la de tantos que deseamos lo mejor para este país hermoso pero difícil que habitamos, que sufrimos y amamos día a día.
Escuché decir también que en ciertos círculos, altos por cierto, este artículo no había caído nada bien, pero que en vez de analizar lo que dice, cuestionaban el objetivo y la actitud de quien lo escribe: que si es oportunista, que si “enviado”, que si ella ahora reniega y busca “méritos” para el futuro...
No lo sé ni me interesa, no conozco personalmente a la autora, ya lo he dicho, sólo sé que su prosa transpira honestidad y buena voluntad, y esto es lo que vale, pero si así no fuera, uno de los sabios, no recuerdo si Séneca o Lezama, afirmó que lo importante no es el arquero sino la flecha, y la de Soledad Cruz, claro que sí, ha dado en el blanco.

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