miércoles, octubre 18, 2006

Sin camisa


En el argot político cubano la frase “quitarse la camisa” equivale a eso que el cristianismo reconoce como una confesión absoluta. Un desnudo total que hasta el propio Dios proscribe por las incomodidades que puede provocar en el funcionamiento de la ciudad terrena. Si bien es cierto que para gobernar es necesario estar bien informado, también lo es que para que el ejercicio de poder transcurra civilizadamente hay cosas de las que es mejor no enterarse.
El primer político a quien le escuché explicar las nefastas consecuencias que un quitao e'camisa podía provocar fue Alejandro Louro, Secretario General de
la Unión de Jóvenes Comunistas en la Universidad de La Habana, en el primer lustro de los años 80. Por entonces Louro tenía como subordinado a Bruno Rodríguez, actual representante del gobierno castrista ante Naciones Unidas. Menos audaz y talentoso que el primero, alcanzó mayor éxito en el proceso de mediocrización institucional que, para su sobrevivencia, impuso el castrismo.
Pues bien, en una jornada de análisis de la ejemplaridad comunista celebrada por la época en
la Facultad de Filosofía e Historia, casi se produce un descalabro por un quitao e'camisa que provocó la discusión del supuesto fraude académico de un estudiante matancero al que simplemente identificaremos como Jesús.
Jesús había sido sorprendido leyendo un papel durante el examen semestral de idioma ruso. La profesora aseguraba que era una larga lista de verbos irregulares, mientras Jesús juraba que se trataba de una carta de su madre. Todo se redujo a un careo entre las partes, pues la prueba material había desaparecido en el incidente: “Me puse tan nervioso con el regaño de la profesora, que me tragué la carta”.

Esta indefinición causó un debate interminable entre quienes interpretaban lo sucedido a favor de Jesús y los que lo hacían a favor de la profesora. Fue entonces que, hacia las dos de la madrugada, un estudiante de apellido Castillo decidió interceder a favor del acusado con un argumento que creía definitivo. Increpando la moralidad de la asamblea, Castillo aseguró: “Compañeros, dejen el brete y reconozcan que aquí todo el mundo hace fraude.”

Alejandro Louro, que presidía la reunión, la clausuró inmediatamente argumentando la hora. Cuando bajábamos la escalinata me dijo: “Lo de Castillo fue un quitao e'camisa muy peligroso. Inaceptable. Claro que todo el mundo hace fraude, por eso hay que dejarse por lo menos la camiseta puesta.”

En
la Residencia de Estudiantes Lázaro Cuevas, situada en la esquina de F y 3ra, en El Vedado, presencié después otro espectacular quitao e'camisa. Como sabrán, una de esas regularidades secretas del campo socialista tiene que ver con el uso de la prensa como papel higiénico. De todo el espectro de publicaciones de los llamados países hermanos, la preferida en los baños de la beca era Rude Pravo, que podía conseguirse gratis en la antigua Casa de la Cultura Checoslovaca, ubicada en 23 y O, en plena Rampa. Casi la alcanzaba en popularidad la revista Korea hoy, cuya única objeción eran las páginas centrales y la carátula; duras y brillantes cartulinas que regalaban cerezos en flor y riscos grises donde el Gran Líder había reposado sus extremidades. Lo demás, hojas blancas y finas compuestas con fibrillas del más fresco bambú.
Pues resulta que un día Yon Jo, un estudiante coreano, tuvo unas diarreas urgentes que consiguió contener con tapones de papel. Tuvo también mala suerte: los baños del piso 16, el primero de varones en el edificio, parecían una hemeroteca coreana. Sin percatarse (es algo que sigo creyendo), Yon Jo hizo uso de una foto del Invencible Líder de Todas las Coreas sin considerar el riesgo.

Minutos después, mostraba la página embarrada de mierda al responsable de los estudiantes coreanos, el dueño local de la virginidad de las muchachas y la viril conducta de los hombres del lejano país asiático. “Eso es un atentado de los extranjeros del piso 16 para lesionar la indestructible amistad entre nuestros dos pueblos y nuestros amantísimos líderes”, interpretó el delegado coreano.

Fueron semanas, meses de reuniones nocturnas presididas por
la vicerrectora de Relaciones Internacionales para desagraviar a la parte coreana y determinar quién había puesto la revista en la falda de aquella cloaca.
Una noche, fatigado ya de tanta sospecha, un historiador despistado pidió la palabra y se metió de lleno en el probador: “Mire vicerrectora, yo le voy a ser sincero, usted sabe la admiración que nosotros le tenemos al Comandante en Jefe, una admiración que incluye la decisión de dar la vida por él; pues bien, a pesar de ese amor, yo le digo a usted que cuando llegan las ganas de cagar uno no está revisando el Granma a ver quien está retratado ahí. Aquí, revolucionariamente, todos nos limpiamos el culo con Fidel.”

Otro quitao e'camisa; de los más complicados que me ha tocado vivir.

Pero hay desnudos púdicos, como ese dulce chantaje bíblico que tiene que ver con el lanzamiento de la primera piedra. Y otro, un tanto descarado en estos penúltimos días del castrismo que, después de aceptar la podredumbre del “sistema”, se restablece sentenciando: “Pué sí chico, en Cuba hay robo y corrupción… como en cualquier lugar del mundo.”

Como decía Alejandro Louro: los quitao e'camisa pueden ser un asunto muy peligroso. Más aún si conducen a evacuaciones irreversibles.

Emilio Ichikawa
Miami

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2 Comentarios:

Anonymous Anónimo said...

Emilio: Como siempre, picarezca politica de altura.La quitadera de camisa es una fuente de estudio para el futuro porque una buena parte de las purgas comenzaron mostrando la zanahoria de ese exabrupto textil.El IV Congreso del Partido y sus discutidas bases fueron el ultimo intento organizado de detectar "opinantes" descarriados a base de quitarse la camisa ingenuamente.

EL ICONOCLASTA

9:24 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

"Aquí, revolucionariamente, todos nos limpiamos el culo con Fidel"

Me quedo con esta frase Rui, graciosísima y verdadera.
Ah! y Gracias,
Un beso.

3:49 p. m.  

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